Clinics Developer, by Carlos Dolz
KPIS 8 min de lectura

Si no mides la aceptación de tratamientos, estás gestionando a ciegas

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No basta con saber cuántos pacientes entran. Tienes que saber cuántos aceptan lo que realmente necesitan.

La aceptación de tratamientos es uno de los indicadores más importantes en una clínica privada. Sin ese dato, todo son sensaciones: "la gente no quiere gastar", "los pacientes solo vienen a lo básico" o "aquí no aceptan tratamientos".

Hay clínicas que saben cuántos pacientes nuevos han entrado este mes.

Saben cuántas primeras visitas han tenido.

Saben cuánto han facturado.

Saben cuántas llamadas han recibido.

Saben incluso de dónde viene cada paciente.

Pero no saben cuántos tratamientos se aceptan.

Y eso es un problema.

Porque puedes tener mucha actividad, mucha agenda y mucha sensación de movimiento… y aun así estar perdiendo oportunidades todos los días.

Cuando hablo de aceptación de tratamientos no hablo de vender por vender.

Esto es importante.

No hablo de inventar necesidades.

No hablo de presionar al paciente.

No hablo de convertir la clínica en una máquina comercial sin criterio.

No hablo de sacar presupuestos de donde no hay indicación.

Hablo de otra cosa.

Hablo de saber si, cuando un paciente necesita realmente un tratamiento, tú eres capaz de explicarlo de tal forma que lo entienda, confíe y pueda tomar una decisión.

Porque ahí muchas clínicas fallan.

El paciente entra.

Se le diagnostica.

Se le dice algo rápido.

Se le da un precio.

Se va a pensarlo.

Nadie mide nada.

Nadie hace seguimiento.

Y al final se concluye:

"La gente no quiere gastarse dinero."

A veces será verdad.

Pero muchas veces no.

Muchas veces el problema no es el paciente.

El problema es que la clínica no ha construido suficiente confianza antes de pedirle una decisión.

O que el tratamiento se ha explicado demasiado técnico.
O que el presupuesto se ha entregado sin contexto.
O que la primera visita no estaba bien diseñada.
O que recepción no ha preparado bien al paciente.
O que nadie ha hecho seguimiento.
O que el paciente no ha entendido qué pasa si no se trata.

Y si no mides la aceptación, todo eso se convierte en opinión.

Cada uno cuenta la película como la siente.

El doctor dice que los pacientes no aceptan.

Recepción dice que los precios son altos.

El titular dice que hace falta más marketing.

El equipo dice que la gente solo pregunta por lo barato.

Pero nadie sabe el dato.

Y sin dato, no gestionas.

Adivinas.

En una clínica privada, la aceptación de tratamientos debería ser uno de los indicadores principales.

No el único, pero sí uno de los más importantes.

Porque te dice algo muy profundo sobre el funcionamiento de la clínica:

De todo lo que el paciente necesitaba y tú le has propuesto, cuánto ha acabado aceptando realmente.

Y eso conecta con muchas partes del negocio.

Conecta con el diagnóstico.

Conecta con la explicación.

Conecta con la experiencia del paciente.

Conecta con la confianza.

Conecta con la recepción.

Conecta con el seguimiento.

Conecta con los precios.

Conecta con la percepción de valor.

Conecta con la rentabilidad.

Por eso es tan potente.

En podología se ve muy claro.

Imagina que durante un mes entran muchos pacientes por quiropodia. Algunos vienen por mantenimiento, perfecto. Pero otros tienen algo más.

Una uña que se repite.

Una metatarsalgia.

Un dolor en fascia.

Una alteración biomecánica.

Un problema de antepié.

Una posible indicación quirúrgica.

Una necesidad de plantillas.

Una lesión que lleva meses arrastrando.

La pregunta no es solo cuántas quiropodias has hecho.

La pregunta es:

¿Cuántas oportunidades reales de tratamiento había ahí dentro?

Y después:

¿Cuántas has detectado?

¿Cuántas has explicado?

¿Cuántas has presupuestado?

¿Cuántas se han aceptado?

¿Cuántas se han quedado por el camino?

Ahí empieza la gestión.

Porque si de 100 pacientes que entran, 30 necesitaban algo más y tú solo se lo has explicado a 5, tienes un problema.

Y si se lo has explicado a 30, pero solo acepta 1, tienes otro problema.

Son problemas diferentes.

En el primer caso quizá no estás diagnosticando con suficiente intención, o vas demasiado rápido, o tu equipo no sabe derivar internamente, o recepción está metiendo todo en el mismo tipo de cita.

En el segundo caso quizá sí detectas bien, pero no estás explicando bien. O no generas suficiente confianza. O el paciente no percibe valor. O entregas el presupuesto de una forma pobre. O no haces seguimiento.

Por eso medir aceptación no es solo poner un porcentaje bonito en un Excel.

Es entender dónde se rompe el recorrido del paciente.

Porque muchas clínicas hablan de "ventas" como si todo dependiera del momento en el que se entrega el presupuesto.

Y no.

La aceptación empieza mucho antes.

Empieza en la llamada.

En cómo se agenda.

En el tipo de visita.

En el tiempo reservado.

En la recepción.

En la puntualidad.

En el entorno.

En la exploración.

En la explicación.

En cómo se aterriza el problema.

En cómo se presentan las opciones.

En cómo se resuelven las dudas.

En qué pasa después si el paciente no decide en el momento.

Si todo eso está mal trabajado, no pretendas que el presupuesto se defienda solo.

Un presupuesto no es un papel.

Es la consecuencia de una buena explicación.

Y aquí hay otra idea importante: no todos los tratamientos se aceptan igual.

No es lo mismo aceptar una quiropodia que aceptar una cirugía.
No es lo mismo aceptar unas plantillas que aceptar un tratamiento quirúrgico de varios miles de euros.
No es lo mismo un paciente que viene recomendado por un traumatólogo que uno que llega frío desde Instagram.
No es lo mismo un paciente que ya confía en ti desde hace años que uno que acaba de entrar por primera vez.

Por eso medir aceptación también te ayuda a entender qué canales traen mejores pacientes y qué servicios necesitan mejor proceso.

Quizá descubres que los pacientes derivados por médicos aceptan mucho mejor los estudios de la pisada.
Quizá ves que los pacientes que llegan por Google aceptan bien si la primera visita está bien protocolizada.
Quizá detectas que los presupuestos quirúrgicos se caen porque se explican con prisa.
Quizá ves que recepción no hace seguimiento porque nadie le ha dicho cómo hacerlo.
Quizá descubres que el problema no era captar más.

Era convertir mejor.

Y esto cambia mucho la forma de crecer.

Porque si tu clínica convierte mal, meter más pacientes solo te obliga a meter más volumen para conseguir el mismo resultado.

Más pacientes.

Más agenda.

Más personal.

Más coste.

Más desgaste.

Más ruido.

Pero no necesariamente más beneficio.

En cambio, si mejoras la aceptación de tratamientos indicados, puedes crecer sin depender únicamente de traer caras nuevas.

Puedes facturar más con los pacientes que ya entran.

Puedes mejorar el ticket medio.

Puedes aumentar la rentabilidad.

Puedes ordenar mejor la agenda.

Puedes trabajar servicios de más valor.

Puedes dar una atención más completa.

Puedes construir una clínica menos basada en volumen y más basada en criterio.

Pero para eso hay que medir.

Y medir no tiene que ser complicado.

Puedes empezar con algo muy básico.

Durante un mes, apunta:

Pacientes que entran.

Tratamientos adicionales realmente indicados.

Tratamientos explicados.

Presupuestos entregados.

Presupuestos aceptados.

Presupuestos pendientes.

Presupuestos rechazados.

Motivo principal del rechazo, si lo sabes.

Con eso ya tienes más información que muchas clínicas.

Luego puedes sofisticarlo.

Puedes medir euros presupuestados frente a euros aceptados.

Puedes medir aceptación por tipo de tratamiento.

Puedes medir aceptación por profesional.

Puedes medir aceptación por canal de entrada.

Puedes medir aceptación por primera visita.

Puedes medir aceptación después del seguimiento.

Puedes medir cuánto tarda un paciente en decidir.

Pero empieza por lo básico.

Porque lo peor no es tener una aceptación baja.

Lo peor es no saberlo.

Una aceptación baja se puede trabajar.

No saber qué está pasando solo te deja con excusas.

Y normalmente las excusas suenan muy bien.

"Los pacientes no quieren invertir."

"La zona es complicada."

"La competencia tira precios."

"La gente solo quiere soluciones rápidas."

"No es buen momento."

Puede haber parte de verdad.

Pero antes de creértelo todo, mira tus datos.

Porque quizá la clínica no necesita quejarse más del paciente.

Quizá necesita explicarle mejor.

PARA LLEVARTE ESTA IDEA

Durante los próximos 30 días mide algo muy sencillo:

De todos los tratamientos que realmente estaban indicados, cuántos se explicaron y cuántos se aceptaron.

No hace falta montar un cuadro de mando perfecto.

Empieza con una hoja simple:

1.Paciente.
2.Tratamiento indicado.
3.Presupuesto entregado.
4.Aceptado, pendiente o rechazado.
5.Motivo, si lo sabes.
6.Seguimiento realizado o no.

Después revisa el patrón.

Si recomiendas poco, probablemente estás dejando pasar oportunidades clínicas.

Si recomiendas bien pero se acepta poco, revisa cómo estás explicando, cómo vive el paciente la primera visita y cómo haces seguimiento.

Ahí tienes mucha más información que diciendo simplemente: "los pacientes no quieren gastar".

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